nombraron
director de la entonces Escuela Nacional de Arquitectura (ENA), le bajé
el ritmo
a la profesión, porque era una época difícil, en
la que había muchos problemas de tipo político. Hablamos
de 1972 a 1982, y sentía una responsabilidad muy grande.
En
esos años con tantos y tan fuertes cambios en la ENA, ¿qué
pasaba por su mente?
Los problemas eran tantos y de tal magnitud que mi lema diario era: “lo
voy hacer bien hoy, aunque me corran mañana”. Así
transcurrieron los dos periodos de cuatro años, en los que ocupé
la dirección. Las circunstancias eran tan difíciles que
sólo quedaba empezar cada día con entusiasmo, y las clases
también eran un área en la que se podía encontrar
grandes satisfacciones.
De ese modo, continué impartiendo las materias de resistencia de
materiales, cálculo de estructuras y construcción.
¿Por qué dejó las clases en la licenciatura?
Hubo un momento en que sentí que ya no debía de dar clases,
a pesar del empeño, pues con el paso del tiempo uno se hace monótono
y repetitivo.
Era necesario ponerse al corriente porque en las tres materias había
cambios y novedades. Por ejemplo, a partir de los sismos de 1985 hubo
variaciones radicales en el reglamento de construcciones, y tuve la fortuna
de participar en la modificación del reglamento.
Había que cambiar la metodología de la enseñanza,
y me di cuenta de que ya no tenía caso estar en la licenciatura.
Entonces, al término de mi gestión en la dirección
y después de un año sabático me integré totalmente
a la enseñanza en el posgrado, hasta la actualidad.
¿Cuáles son sus reflexiones sobre la enseñanza?
Ser docente en la Universidad Autónoma de México me ha dejado
notorias satisfacciones. Por ejemplo, cuando fui director de la Facultad
de Arquitectura, me propuse fundar el Doctorado, y después de hacer
el proyecto y de su aprobación por el Consejo Universitario, el
11 de noviembre de 1981, tuve el orgullo de ver su comienzo.
A la fecha, 98 personas han alcanzado el grado de Doctorado en estas aulas,
independientemente del de urbanismo.
Es muy estimulante saber que los exalumnos ya están en muchas de
las universidades del país, incluso en el extranjero, como en Guatemala
donde hay tres egresados nuestros y uno de ellos es el jefe del posgrado
de ese país.
Por otra parte, después de constatar lo logrado aquí, hace
cinco años me llamaron de Mendoza, en Argentina, para colaborar
en la fundación de su primer Doctorado en arquitectura.
En la actualidad, allá hay dos grupos y recientemente se inició
un tercero, con 24 personas ya maduras, pues casi todos son maestros de
las escuelas.
Así que la república hermana cuenta con cinco doctores y
19 en proceso de presentar su tesis. A la iniciativa de la universidad
de Mendoza por establecer el Doctorado, entre otras, le ha seguido la
de San Juan, también en Argentina.
¿Por qué estudiar pedagogía?
En cierto momento sentí esa necesidad, derivada de mi trabajo como
profesor de resistencia de materiales, una cátedra con muchos reprobados.
Y decidí esclarecer el asunto: “o los alumnos son malos o
yo no soy un buen profesor”.
Por eso, me decidí a entrar a la Maestría en Pedagogía
en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con el objeto
de buscar mejores soluciones a la enseñanza, para aprender maneras
de impartir las clases. Sin duda, en una especialización uno se
olvida de los problemas y se aprende a encontrar soluciones.
¿Cuándo y cómo se decidió a ser arquitecto?
Desde que estaba en secundaria me gustaba la arquitectura. Verla, admirarla
y vivirla, pero cuando en el bachillerato llegó el momento de decidir
me entró la duda entre la ingeniería y las matemáticas,
que siempre me han gustado, o la arquitectura. Entonces, consulté
con mi padre, quien me aconsejó que debía inclinarme por
lo que sintiera una mayor vocación, pero en su opinión la
ingeniería tenía un mejor futuro. Esa visión quizá
se derivaba de que él estaba dedicado a la agricultura en Coahuila,
en una propiedad que perdimos con posterioridad durante el reparto agrario.
Así, me decidí por la arquitectura, pero me quedé
pensando que al mismo tiempo podía hacer las dos carreras, pagando
las materias que hacían falta. En conclusión, hice los dos
bachilleratos y en la universidad me inscribí en las dos escuelas,
en San Carlos y en el Palacio de Minería. Y pude acabar la arquitectura
en cinco años y tres años más tarde terminé
la carrera de ingeniería.
¿Quiénes fueron algunos de sus maestros inolvidables?
Algunas materias, como las matemáticas, no las estudié en
arquitectura, sino en ingeniería, y luego hice la revalidación.
En otros casos cursé las asignaturas en las dos facultades. Por
ejemplo, tomé resistencia de materiales, con el ingeniero Lasso
-sobrino del arquitecto Carlos Lasso- y cálculo de estructuras
con don Manuel Ortiz Monasterio.
De arquitectura recuerdo a muy buenos profesores, como Federico Mariscal,
y en proyectos a Alonso Mariscal, mientras en teoría de la arquitectura
al maestro Villagrán. En ingeniería el maestro Parres me
dio topografía y máquinas hidráulicas, en tanto tuve
a don Alberto J. Flores en estabilidad. En la Facultad de Filosofía
y Letras también tuve maestros excelentes, como Francisco Larrosa.
Sin embargo, mi maestro predilecto fue Francisco Centeno, quien me dio
en secundaria dibujo constructivo; en preparatoria, dibujo arquitectónico
y modelado, y en el nivel profesional, geometría descriptiva y
estereotomía
Curiosamente, muchos también fueron directores de sus respectivas
facultades, y por tanto puedo decir que no eran “barcos”,
porque mi interés no era pagar las materias, sino aprender de los
muy buenos y notables profesores.
A la distancia ¿considera que ha cambiado el alumnado y
su interés?
Considero que ha cambiado mucho. Con franqueza, el hecho de dejar las
clases en la licenciatura fue porque sentía menos interés
de los alumnos. Claro, con sus excepciones… Incluso, empecé
a tener la misma percepción en el posgrado, y quizá esto
se deba a que los muchachos recién salidos de la escuela no encuentran
trabajo y continúan estudiando “mientras” hay una oportunidad,
pero
sin tener una clara convicción por saber más.
Así mismo, a los recién llegados les hago la broma “no
crean que vienen a sexto año de arquitectura”, y trato de
hacerles reflexionar y despertar su amor por el conocimiento.
Una Maestría la deben tomar aquéllos con un especial interés
por saber más, para luego dedicarse a la investigación o
a la enseñanza. En general, la Maestría tiene estas orientaciones.
Por tanto, actualmente lo que más me entusiasma es el Doctorado.
¿Qué podría decir a los jóvenes, como
una lección de vida?
Que están en un proceso de formación y que lo tomen en serio,
para “aprender a aprender”, para que se formen una metodología
pues en la profesión todo cambia y uno necesita saber aprender
fuera de la universidad. Yo me califico como que no sé mucho, sino
que sé de muchas cosas, pues he sido ambicioso de mis conocimientos,
he abarcado mucho y gracias a ello considero que sigo vigente. |
Títulos y grados.
Arquitecto UNAM 1944. Ingeniero UNAM 1958; Maestro en Pedagogía,
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM 1964; Doctorado en Arquitectura
1966 y Doctorado en Pedagogía (créditos completos).
Distinciones.
Profesor Emérito de Facultad de Arquitectura, UNAM,
desde 1985
Premio Universidad Nacional, 1994, Área de arquitectura
Profesor invitado en universidades de Mendoza y San Juan, Argentina
Secretario General de la Unión de Escuelas y Facultades de Arquitectura
de Latinoamérica
Reconocimiento al Mérito Académico, 1996, de la Asociación
Autónoma de Personal Académico de la UNAM
Premio Nacional de Arquitectura, 1998, Ignacio Díaz Morales
Universidad Autónoma de Puebla, diploma y medalla de oro al mérito
universitario UNAM, 1998
Doctor Honoris Causa de la Universidad de Mendoza, 1998
Académico de Honor 2000 de la Academia Mexicana de Ingeniería
Aula-auditorio dedicada como fundador del Doctorado de Arquitectura
Reconocimiento nacional al mérito académico por la Asociación
Nacional de Instituciones de Enseñanza de la Arquitectura de la
República Mexicana, 2001
Reconocimiento a la práctica docente por la Federación de
Colegio de Arquitectos de la República Mexicana, 2002.
Asociaciones y Colegios.
Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México
Colegio de Ingenieros Civiles de México
Academia Mexicana de Arquitectura / Presidente 1981- 1984
Academia Mexicana de Ingeniería Urbanística 1988-1991
Academia Nacional de Arquitectura emérito
Sociedad Colombiana de Arquitectos
Sociedad Mexicana de Arquitectos Restauradores
Colegio de Pedagogos de México
Colegio de Diseñadores Industriales y Gráficos de México
Centro de Investigaciones Sísmicas
Seminario de Pedagogía Universitaria
Sociedad Mexicana de Ingeniería Estructural
Sociedad Bascongada de los amigos del país.
UNAM.
Junta de Gobierno agosto 1983-marzo 1990
Director de la Facultad de Arquitectura, 1974-1982
Consejo Universitario por seis periodos
Consejo Técnico Facultad Filosofía y Letras por dos periodos.
Actual Coordinador del Programa de Maestría y Doctorado en Arquitectura.
Docencia UNAM desde 1948, Facultad de Arquitectura, Ingeniería
y Filosofía y Letras.
Impartición de Posgrado de Arquitectura y Filosofía y Letras.
Director de tesis exámenes de grado Maestría y Doctorado
/ más de 50.
Conferencias.
Más de 300 en temas de vivienda, construcción, sismos, urbanismo,
didáctica, formación del arquitecto y ética profesional.
Ponencias y conferencias en el extranjero:
Argentina, Dinamarca, Perú, Ecuador, Italia, Estados Unidos, Brasil,
Panamá, Colombia, República Dominicana, Bolivia, Chile,
Cuba y Uruguay.
Cargos públicos.
Jefe de derecho de vía en SCOP
Director de Obras de Planificación de diversas zonas del D.F.
Jefe de Vía Pública y Licencias de Obras DDF.
Subdirector de Obras Públicas D.D.F.
Asesor técnico de la jefatura del D.D.F.
Jefe del departamento de Asesoría Técnica de Construcción
y Supervisión de Obras Banco Nacional Hipotecario Urbano y de Obras
Públicas.
Actividad profesional.
Oficina Particular 1944-1974, proyecto, diseño estructural y dirección
de obras.
En compañías constructoras, residente de obras y director
técnico.
Actualmente asesor técnico de la restauración del colegio
de las Vizcaínas..
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